EL FEMICIDIO EN EL ECUADOR

Grafiti que refleja el grave problema de violencia contra la mujer en el Ecuador

POR: Ab. Juan José Hidalgo Huerta

Colaboración: Ab. Fanny Silva Barreno

En los años 2000 al 2006  el 41% de los 204 homicidios de mujeres, fueron femicidios.

El  50%   ejercido por hombres cercanos a la víctima, el  50%   ejercido por otros hombres, el 35% del total, la muerte fue por violencia sexual.

La violencia intrafamiliar en el Ecuador, y el femicidio, se han convertido lamentablemente, en un tema vigente en nuestra sociedad ecuatoriana, es así que el día de hoy junio 23 de 2017, las estadísticas  indican  la cantidad de 72 femicidios, en lo que va de este año 2017, una cifra alarmante que porcentualmente, reporta en la región costa con el 76.90%  y en la región sierra con el 23.10%.

Liderando las provincias del Guayas y la provincia de Pichincha, por su alto índice de población, seguidas por las provincias de: Los Ríos, Esmeraldas, El Oro, Azuay, y Cañar.

El problema de la violencia de género empezó a visibilizarse en el ámbito doméstico, a fines de la década de los 80, y paulatinamente en los 90, esta violencia comenzó a desnaturalizarse y a conceptualizarse como una violación de los Derechos Humanos de las mujeres.  Del análisis de hace aproximadamente dos décadas, se pudo constatar, que los homicidios de mujeres, eran causa  y consecuencia de la discriminación y de la violencia de género.

La discriminación contra las mujeres va de la mano de una gran desvalorización, que provoca que  “se las escuche pero no se las oiga”. Hablar de la violencia contra las mujeres, es hablar de aquella violencia específica, que se ejerce por su condición de género. 

La violencia pretende mantener a las mujeres en desventaja y desigualdad, contribuye a mantener y perpetuar la discriminación, así como a desvalorizar, denigrar y amedrentar a las mujeres, reproduciendo el dominio patriarcal. Contribuye además a recrear la supuesta supremacía de los hombres sobre las mujeres.  El padecimiento de las mujeres por la violencia que viven, por el solo hecho de ser mujer, sintetiza formas de violencia sexista y misógina, clasista, etarea, racista, religiosa, identitaria y política.  

Las desigualdades que se advierten entre mujeres y hombres de una sociedad, pueden adjudicarse, en gran magnitud, a los modelos culturales originados  de las relaciones de género. La masculinidad y la feminidad son expectativas edificadas socialmente y no cualidades connaturales a la condición biológica,  al igual que otras atribuciones sociales provenientes  de la clase social o la etnia, el género despliega una eficaz fuerza en los vínculos sociales de los seres humanos, sus oportunidades y circunstancias de vida, y accesos a los recursos de la sociedad.

La discriminación y la violencia ejercida contra la mujer, son los cimientos del femicidio.

Así lo reconoce la CEDAW en su Art. 1

“La expresión  discriminación contra la mujer denotara toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera”

Es a partir de ello que se gestaron diversos debates en distintas partes del mundo, buscando una definición del término “femicidio”

Etimológicamente homicidio proviene del latín

“homo”= hombre

“caedere” = matar

la palabra femicidio corresponde a la traducción al inglés de la expresión “femicide”

Según literatura diversa la expresión femicidio, empieza a utilizarse en los años 60, a consecuencia del brutal asesinato del 25 de noviembre de 3 mujeres dominicanas (las hermanas Mirabal, Patricia, Minerva y María Teresa), por el servicio de inteligencia de su país.

La feminista  mexicana Marcela Lagarde, define al femicidio como:

“…variadas formas de violencia de género, clase etnia, etaria ideológica y política contra las mujeres que se concatenan y potencian en un tiempo y territorio determinados y culminan con muertes violentas: homicidios, accidentes mortales e incluso suicidios se suceden y no son detenidos ni prevenidos por el estado…”

La realidad y la amenaza de la violencia cobran importancia en la vida diaria de las mujeres, afectando su habilidad para participar en proyectos de desarrollo, para ejercer la democracia y para comprometerse plenamente con la sociedad. La experiencia y el miedo a la violencia en una línea constante en la vida de las mujeres, ya que interfiere con sus necesidades más básicas de seguridad.

El femicidio es la manifestación más cruenta de la discriminación y violencia sistemática en contra de las mujeres.  La muerte  de mujeres a manos de sus esposos, amantes, padres, novios, pretendientes, conocidos o desconocidos, no es producto del azar o de conductas patológicas, sino resultado directo  de un sistema estructural de opresión.  Estas muertes son femicidios,  la forma más extrema de terrorismo sexista, motivado mayoritariamente, por un sentido de posesión y de control sobre las mujeres.

La violencia feminicida, es la forma más extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitospúblicos y privados, conformado por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

El uso de la violencia no solamente es uno de los medios con los que se las controla, sino también una de las expresiones más brutales y explícitas de la dominación y subordinación.

El femicidio sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas  sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades de la vida de las niñas y mujeres, en el femicidio concurren en tiempo y espacio, daños en contra de las niñas, y mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, en ocasiones violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas.

Todos tienen en común que las mujeres son usables, maltratables y desechables, y además coinciden en su infinita crueldad.

El femicidio se produce a partir de las desigualdades estructurales que existen entre hombres y mujeres, en un sistema en el cual los hombres tienen poder sobre las mujeres.  Y es desde aquí que surgen condiciones culturales que favorecen y potencializan las practicas machistas y la misoginia, así como la naturalización de la violencia contra las mujeres.

Si a ello le añadimos las dificultades legales y políticas existentes que impiden el acceso a la justicia, por parte de las mujeres, el resultado es un ambiente de impunidad, injusticia, discriminación y violencia.

El femicidio es un fenómeno social, íntimamente relacionado al sistema patriarcal, que predispone a la violencia contra las mujeres, por el solo hecho de ser mujer o por no serlo de manera “adecuada” es decir que ha traspasado los límites de lo establecido para una mujer.

Según Diana Rusell, se visualiza el femicidio en tres categorías.

FEMICIDIO ÍNTIMO.-. Cuando la víctima tenía o tuvo,  una relación de convivencia, relación intima o familiar.

FEMICIDIO NO ÍNTIMO.- Cuando la víctima no tenía una relación íntima,  familiar o de convivencia, esta categoría involucra el ataque sexual de la víctima.

FEMICIDIO POR CONEXIÓN.- Cuando la víctima trato de intervenir o que simplemente fueron atrapadas en la acción del femicida.

La feminista mexicana Marcela Lagarde, aborda la impunidad y concreta asi:

“El Estado tiene la responsabilidad en la prevención, tratamiento y protección de las mujeres ante la violencia de género.

El Estado debe garantizar la libertad y la vida de las mujeres.

El Estado se coloca como responsable por acción u omisión del femicidio, ante la ausencia de sanciones y de castigo a los asesinos.

El Estado debe asumir su complicidad o responsabilidad directa”.

La impunidad acrecienta el femicidio y refuerza la percepción social, de ilegitimidad del sistema legal ecuatoriano.Se inicia con la falta de penalización de la violencia cotidiana, que permite a los agresores actuar con libertad y escalar nuevas formas de violencia. Y el trato privilegiado que reciben los pocos agresores que enfrentan a la justicia, difícilmente son considerados delincuentes y encuentran respaldo cuando los operadores de justicia, tanto judiciales como policiales, privan a la mujer de sus derechos de protección  y a su derecho que se les haga justicia.

La impunidad además se da por la complicidad y el silencio de las comunidades, la ciudadanía, los allegados y allegadas a las mujeres (vecinas, vecinos, amistades, familiares).

 El femicidio se convierte en un crimen de Estado, cuando este mismo Estado, siendo parte estructural del sistema patriarcal, y estar llamado a resguardar la seguridad  y garantizar las vidas de las niñas,  adolescentes y mujeres, no realizan sus funciones con eficiencia.

Recomendaciones:

  • Establecer un grupo interinstitucional y multidisciplinario congénero que dé el seguimiento respectivo,

• Implementar las acciones preventivas, de seguridad y justicia, para enfrentar y abatir la violencia feminicida,

• Elaborar reportes especiales sobre la zona y el comportamiento de los indicadores de la violencia contra las mujeres,

• Asignar los recursos presupuestales necesarios para hacer frente a la contingencia de alerta de violencia de género contra las mujeres, y

• Hacer del conocimiento público el motivo de la alerta de violencia de género contra las mujeres, y la zona territorial que abarcan las medidas a implementar.

  • La reparación del daño ante la violencia feminicida el Estado deberá resarcir el daño conforme nuestra ley penal (COIP), los parámetros establecidos en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y considerar como reparación:

a) El derecho a la justicia pronta, expedita e imparcial: deben investigar las violaciones a los derechos de las mujeres y sancionar a los responsables.

b) La rehabilitación: debe garantizar la prestación de servicios jurídicos, médicos y psicológicos especializados y gratuitos para la recuperación delas víctimas directas o indirectas.

c) La satisfacción: son las medidas que buscan una reparación orientada a la prevención de violaciones, entre las medidas que deberán adoptarse para la reparación del daño se encuentran:

• La aceptación del Estado de su responsabilidad ante el daño causado y su compromiso de repararlo.

• La investigación y sanción de los actos de autoridades omisas o negligentes que llevaron la violación de los Derechos Humanos de las víctimas a la impunidad.

• El diseño e instrumentación de políticas públicas que eviten la comisión de delitos contra las mujeres.

• La verificación de los hechos y la publicación de la verdad.

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