LA BÚSQUEDA DEL MALTRATADOR

No calles si eres víctima de violencia busca ayuda

 El maltrato es zona de claroscuros, tanto por la forma de producirse las agresiones, en ese siempre sombrío lugar del hogar violento, oculto a los ojos de la sociedad, como por la esencia de una conducta que es confundida con el amor, aplicada en nombre de un orden y por culpa, según se trata de presentar, de quien la sufre.

Y el maltratador, como el depredador más feroz, aparece camuflado con la actitud y las formas adecuadas para conseguir ese mimetismo con el ambiente que lo haga pasar desapercibido para su presa y para la sociedad.

Con la sociedad lo consigue por medio de las formas, por esa manera de presentarse en público, por cumplir con lo que se espera, pues lo demás se supone; y frente a su víctima pasa desapercibido por el camuflaje del afecto, que no sólo ciega los ojos, sino que también oscurece la razón.

No es fácil ver al maltratador, pues sólo se manifiesta como tal ante la víctima, pero sin duda, la mejor forma de identificarlo debajo de ese disfraz de las “buenas conductas” es con la luz del conocimiento. Esta, como si fueran los rayos X que nos permiten descubrir la estructura interna de su esqueleto violento, traspasa los elementos externos de su representación para mostrar signos y datos que pueden identificarlo respecto a las conductas realizadas y a las que puede llevar a cabo en el futuro.

¿Qué se debe conocer sobre la figura del maltratador? No es fácil contestar a esta pregunta, pues, como los virus más letales, son muy diferentes y mutan con facilidad. Quizá, lo primero que se debe saber, aunque parezca una afirmación propia de Perogrullo, es que al maltratador hay que buscarlo y encontrarlo. Difícilmente se presentará ante nosotros como cualquier otro delincuente, es cierto que vendrán al Juzgado, podrá, incluso, venir detenido, pero aun así habrá que desplegar, como el cirujano coloca sobre la mesa auxiliar todo el material necesario para ir diseccionando los distintos planos de la anatomía, toda una estrategia investigadora que permita ir avanzando por la estructura que se levanta ante la idea del maltratador, repleta de imágenes y razones falsas, unas centradas sobre cuestiones puntuales relacionadas con los hechos, otras amparándose en los elementos que habitan en el lugar común de la cultura, con el control siempre vigilante de unas normas que rechazan sólo lo visible, pero que en cierto modo silencian ante lo que no trasciende.

Por eso hay que buscarlo, porque de lo contrario es fácil que demos más credibilidad a aquello que coincide con la normalidad desarrollada, y en lugar de avanzar en esa búsqueda nos quedemos en una de sus antesalas, sobre todo si los hechos ocurren en las tinieblas de los conflictos de pareja, más aún si la propia víctima de su violencia aparenta una inseguridad y unas dudas que hacen sospechar de su credibilidad al desconocer que forman parte de las agresiones que han sufrido.

“Sólo se ve lo que se mira, y sólo se mira lo que se tiene en la mente”.

Con esta frase el investigador francés Alphonse Bertillon, a finales del siglo XIX, resumió de forma gráfica cómo el principio directivo de la conducta hacia la consecución de un determinado objetivo parte de su identificación, y esta del conocimiento de la situación que se va a presentar y de sus posibles variables, que como interferencias en las ondas, se pueden entrometer entre la imagen o la idea que tenemos de esa realidad para deformarla, ocultarla o, incluso, hacerla desaparecer.

De manera que ante la propia realidad permaneceremos ciegos de entendimiento, no por negar lo objetivo o lo evidente, sino por dejarlo hueco de valor o sentido, ligero de significado y capaz, por esa maleabilidad que da la orfandad conceptual, de integrarlo a cualquier contexto con tal de hacerlo desaparecer de nuestra conciencia, si su presencia nos genera algún tipo de conflicto o inseguridad.

Si, además, ese hecho ya de por sí entra en conflicto con nuestra idea de convivencia, con los valores que nos mueven en el día a día entre las calles de la sociedad, o con los sentimientos que nos llevan a buscar las relaciones interpersonales como fuente de riqueza personal, la tendencia al ocultamiento se convertirá en una necesidad, y el lugar donde esconderlo será el recoveco más estrecho y oscuro de todos los disponibles.

No se trata de una pieza aislada, sólo tiene sentido en un determinado contexto y con las otras piezas que lo forman (la relación de pareja, la víctima, los hijos – cuando los hay-, las circunstancias en las que se desarrolla,…) y desempeña una función concreta (mantener una posición de poder), no es como otro delincuente que un día puede robar una casa, otro asaltar a una persona, y al siguiente herir o matar a alguien. Él es un maltratador en su relación de pareja.

CARACTERISTICAS DEL MALTRATADOR.

Para el hombre, la mujer es un objeto que le pertenece. Y cuando no acata sumisamente su voluntad cuando se le ocurre “rebelarse”, se siente humillado y recurre a la violencia.

Esta es la clave de la conducta del maltratador. Un hombre celoso, posesivo y controlador, que actúa como si tuviese una especie de derecho natural para degradar a su pareja.

Luis Bonino Méndez ha referido en su obra que Las palabras de uno de estos hombres, sometido a terapia con el psicoterapeuta Luis Bonino en el centro de estudios de la condición masculina de Madrid, lo confirman: “ella no me hace caso y no puedo aguantar que tenga una opinión diferente a la mía por eso cuando su mujer no se adapta a sus ideas él se le va de las manos y responde con violencia.”

La mayoría de estos hombres tienden a minimizar los efectos de su conducta, suelen recurrir a la mentira y no se reconocen como maltratadores.

Los golpes que propinan a la mujer se transforman en una simple pelea cuando quien lo cuenta, es el agresor.

Los insultos y los gritos, en comunes “problemas de pareja”. Tampoco son conscientes del daño que hacen. Simplemente ponen a sus mujeres en el lugar que les corresponde, siempre por debajo de ellos.

El complejo de inferioridad y la poca autoestima que suelen tener convierten cualquier desaire si ven cualquier opinión o conducta que no se ajuste a su punto de vista- en una ofensa a su virilidad.

Un sentimiento de humillación que quieren eludir a toda costa, para ello optan por el extremo contrario y buscan en las palizas a sus mujeres un poder que se les niega en la calle. Por eso no se resignan a perderlas.

Las necesitan vitalmente para desahogarse. Y encuentran la excusa perfecta cuando a ellas se les ocurre llevarles la contraria.

Los hombres agresores son machistas. Según la psicóloga Soraya Lara de Mármol, presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM), el hombre agresor es machista con distorsiones cognitivas, por lo que cree ser dueño absoluto de su compañera.

Además, muestra conductas de control y posesividad y utiliza a la mujer para su propio beneficio como si fuera un objeto que puede manipular a su antojo.

Destaca que los maltratadores son hombres perversos, narcisistas y saben cómo esconderse y escudarse en su falsa imagen con el fin de conquistar a la futura víctima.

Indica que en estos casos la mujer no puede detectar la violencia fácilmente. La víctima queda como encantada con la personalidad del agresor, explica.

No obstante, aclara que detrás del agresor se esconde un hombre inseguro, dependiente y con baja autoestima.

 El agresor, definido como un hombre inseguro e inestable por Lara de Mármol, en primer momento lacera la autoestima de la mujer para dejarla desarmada a nivel interior y así convertirla en víctima.

Estas son algunas de las características del maltratador:

  • Utiliza la violencia con el fin de doblegar la voluntad de la víctima.
  •  Los ejes en que basa los abusos domésticos vienen determinados por la edad y el género.
  • No es enfermo mental.
  • Selecciona a la víctima y escoge el lugar del ataque.
  • Tiene actitudes sexistas y creencias estereotipadas de las mujeres.
  • Ve amenazado permanentemente su poder en el ámbito familiar.
  • Impone el aislamiento social de su entorno familiar, como estrategia para romper la independencia y autoestima de su pareja. La imposición de aislamiento en no pocas ocasiones va más allá de lo psicológico y pasa a la inmovilidad física, dándose situaciones de secuestro en el propio hogar.
  • Critica constantemente con el ánimo de crear inseguridad y fomentar la dependencia.
  • No asume la responsabilidad de sus actos violentos no considera el problema como propio.
  • Tienen una gran capacidad de persuasión. Con extraños utiliza la seducción para imponer sus criterios.
  • Racionaliza su conducta violenta, la justifica y minimiza.
  • Utiliza todo tipo de estrategias para lograr un único fin: que la mujer no se aleje o que vuelva a su lado.
  • Atribuye el problema a la propia conducta de la víctima, a la familia, el trabajo, la situación socioeconómica.
  •  Representa una imagen social opuesta a la que tienen en el ámbito privado. Fuera de casa puede ser educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento, respetuoso.
  • Una de sus estrategias es la de convencer a la mujer de que no puede vivir sin él, cuando en realidad es él quien depende “funcionalmente de ella”
  • Manipula a la compañera ejerciendo el control sobre los bienes materiales.
  • Utiliza las visitas a sus hijos para acercarse a su víctima y seguir maltratándola.
  • Tiende a manipular e intenta seducir a los profesionales con su juego de doble fachada.
  • Entiende su equilibrio emocional como control absoluto del otro.
  • Siempre pide una segunda oportunidad.
  • Esgrime los celos para invadir y controlar la vida de la mujer.
  • Tienen generalmente antecedentes de violencia en su familia de origen. Repetirá su conducta violenta en las sucesivas relaciones que mantenga con mujeres.

Una investigación de los psicólogos norteamericanos, el Dr. John Gottman y Dr. Neil Jacobson. “Señalan que los hombres maltratadores caen en dos categorías: pitbull y cobra, con sus propias características personales:

Pit bull:

  •  Solamente es violento con las personas que ama.
  • Celoso y tiene miedo al abandono.
  • Priva a la pareja de su independencia.
  • Vigilar y atacar públicamente a su propia pareja.
  • Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión.
  • Tiene potencial para la rehabilitación.
  • No ha sido acusado de ningún crimen.
  • Posiblemente tuvo un padre abusivo.

Cobra:

  •  Agresivo con todo el mundo.
  • Propenso a amenazar con cuchillos o revólveres.
  • Se calma internamente, según se vuelve agresivo.
  • Difícil de tratar en terapia psicológica.
  • Uno depende emocionalmente de otra persona, pero insiste que su pareja haga lo que él quiere.
  • Posiblemente haya sido acusado de algún crimen.
  • Abusa de alcohol y drogas.

El pitbull espía a su mujer, es celópata, cae bien a todas las personas, excepto a sus novias o esposas. El cobra es un sociópata, frío, calculador, puede ser cálido. El maltrato no cesa por sí solo.”

Después de que la mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo, a veces cesa este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato psicológico, a través del cual le deja saber a su víctima, que el abuso físico podría continuar en cualquier momento.

En ocasiones la violencia del maltratador oculta el miedo o la inseguridad, que sintió de niño ante un padre abusivo que lo golpeaba con frecuencia, al llegar a ser un adulto prefiere adoptar la personalidad del padre abusador a sentirse débil y asustado.

En otros casos, los comportamientos ofensivos son la consecuencia de una niñez demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en todo.

Esto lleva al niño a creerse superior al llegar a ser un adulto y a pensar que él está por encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de quien quiera.

Piensa que se merece un trato especial, mejor que el que se les da a los demás.

Donald G. Dutton en su obra hace referencia que “Según Carrasco Gómez, un primer aspecto del perfil psicopatológico de los maltratadores es que no existe un perfil determinado, no forman un grupo específico.

Se describen rasgos o características más o menos comunes pero sin llegar a definir categorías.

Una de las primeras aproximaciones al conocimiento del maltratador, según Corsi, se hicieron desde modelos psicopatológicos, considerándolo como psicológicamente enfermo intentando definir las patologías que estaban en la base de su personalidad. Y una de las definiciones más frecuentes que se dieron de los maltratadores es que poseían una personalidad sádica o bien pasivo-agresiva, y que eran individuos con características paranoides o “bordeline”.

Este tipo de consideraciones e interpretaciones, hechas por profesionales suponen un fortalecimiento del hecho de llegar a considerar el maltrato como producto de una enfermedad, cuando es justamente lo contrario, es decir que el maltrato genera psicopatología, y por otra parte, atenuaba o eximia la responsabilidad penal del agresor de ser considerado un enfermo

Resulta evidente, que es posible encontrar entre las personas violentas y maltratadores rasgos y maneras de ser, que no pueden ser catalogables como trastornos mentales, no son enfermos mentales a tenor de las clasificaciones internacionales al uso, al no reunir todas las características para ello.

Son personas que fuera del hogar mantienen una adecuación y equilibrio social adecuados.

Y sin embargo esos rasgos que originan una forma de comportamiento violento familiar son susceptibles de ser considerados como patológicos. Son rasgos de una personalidad anómala que se pueden considerar como psicopatológicos, por su frecuencia o intensidad y ser generadores de una conducta anormal.”

Los males que aquejan a los hombres violentos son la pasividad, la indecisión o la inadaptación sexual, con decisiones que los conducen a realizar conductas agresivas para así compensar las acreencias y debilidades de su carácter, pero no hay una relación de causalidad directa. La falta de adecuación total con el modelo de masculinidad hegemónica (psicopatología) es un factor que puede influir en el comportamiento violento, pero de ninguna manera es el único.

El hombre que actúa violentamente lo hace porque no soporta ciertas condiciones de su vida y entonces estalla. Cuando no es capaz de mantener cierto autocontrol se vuelve ofensivo, gritón, destruye objetos, golpea.

Las circunstancias que pueden conjugarse para ocasionar frustración son muy variadas: van desde factores económicos tales como el desempleo, el hacinamiento, la pobreza; aspectos sociales como el aislamiento, la falta de amigos, los conflictos con la familia de origen, las dificultades en el trabajo, el estrés.

Los hombres se sienten abrumados con una serie de problemas y ante la incapacidad de manejarlos desahogan la tensión ejerciendo maltrato hacia su esposa y sus hijos.

PERFIL DE LOS FEMICIDAS

La edad  de los femicidas en su mayoría, oscila entre los 18 y 47 años. Dentro de las investigaciones indican que esta violencia se vuelve más crítica cuando los femicidas mantienen o inician otras relaciones, paralela o fuera  del hogar.

Quien comete feminicidio posee ciertos rasgos que permiten identificarle. 

El experto del Inmujeres comparte algunos de ellos desde el punto de vista de los derechos humanos y aclara que cada uno de los puntos mencionados no funcionan de la misma forma aisladamente sino cuando se presentan de manera conjunta.

– Personas violentas y celosas. Se trata de una violencia incontrolable. Aquellos que responden con excesiva violencia ante cualquier situación que ponga en riesgo su instinto de “superioridad”, son propensos a cometer este delito.

– Consumo de drogas. Muchos de los ataques que se han hecho contra mujeres se han perpetrado bajo el influjo de una droga o el alcohol.

Complacencia social con la violencia. Quienes crecieron en un contexto social en donde la violencia contra las mujeres se celebra y se incentiva tienen comportamientos que pueden derivar en violencia feminicida.

Impunidad. Quienes han tocado a una mujer indebidamente, sin consecuencias jurídicas por su actuar, van incrementando su nivel de agresión y puede llegar a cometer un feminicidio.

– Misoginia. Aquellos que muestran un odio irracional hacia las mujeres son propensos ejercer violencia extrema.

– Machismo exacerbado. Las personas que consideran a la mujer como un ser inferior podrían ser potenciales feminicidas.

– Cultura patriarcal. Quienes viven en un entorno en el que constantemente se minimizar los derechos de las mujeres sólo por cuestiones de género constituyen un foco rojo.

PERFIL DE LAS VICTIMAS

En nuestro país, de acuerdo a las investigaciones, las edades de las victimas oscilan entre los 19 y 35 años aproximadamente, es decir en toda la etapa productiva y reproductiva.

También se han registrado víctimas en edades entre 14 y 16 años de edad, edad de desarrollo de nuevas características sexuales físicas y emocionales, de  idealización del amor, de inicio del relacionamiento con el otro, de búsqueda de confirmación de sí mismo, de los primeros encuentros amorosos.

Las mujeres víctimas de violencia, por lo general no toman decisiones propias y son temerosas. También es fácil observar la actitud de los hijos hacia ella, no demuestran respeto y contienen una rabia interna hacia la madre.

 La mujer víctima de violencia presenta condiciones específicas, al igual que el hombre agresor.

Regularmente, es una mujer con baja autoestima y en muchos casos con una fuerte dependencia emocional o económica de su compañero, aunque puede haber excepciones.

Ésta suele jugar un papel de víctima y en muchos casos las primeras agresiones que recibe son psicológicas.

Con esta premisa se puede determinar que el círculo de la violencia no es algo que se instala de un día para otro, sino que es una escalada que comienza con poca intensidad y se va agravando con el tiempo.

Según advierte Lara de Mármol, la violencia psicológica impregna miedo en el sistema emocional de la víctima, crea una sensación de locura que la lleva a dudar y hasta a convencerse de que provoca las ofensas que recibe por parte de su victimario.

Lara puntualiza que, en estos casos, la mujer no puede detectar la violencia fácilmente. Enunciados como “tú no sirves para nada, al no recibir lo requerido en el momento o restar valor a los aportes de la mujer en la casa, son algunas de las situaciones que comúnmente suceden y no se identifican como violencia, y sí lo son.

Visto esto, creo que a todas y a todos nos corresponde cuidarnos y estar alertas ante estos rasgos, porque si bien es cierto que no se puede generalizar también es cierto que a veces no existen las coincidencias.

RASGOS TÍPICOS DE LA MUJER MALTRATADA.

El poder y las jerarquías sociales que se reproducen en el interior de la familia implican, relaciones de desigualdad: posiciones asimétricas donde alguien manda y alguien obedece, alguien decide y ordena, y alguien acepta sin mayores cuestionamientos.

En cuanto a los rasgos típicos de la mujer maltratada, podemos señalar que:

  • Cree todos los mitos acerca de la violencia doméstica.
  • Baja autoestima.
  • Se siente culpable por haber sido agredida.
  • Se cree fracasada en forma total como mujer, como esposa y como madre.
  • Siente temor, pánico, que no controla su vida.
  • Ambivalencia-sentimientos encontrados, como por ejemplo le da mucha rabia haber sido agredida, pero siente que fue por su culpa el que le pegaran, (que se lo merecía).
  • Piensa que es completamente incapaz e impotente para resolver su situación, debido a que siempre ha sido controlada y dominada.
  • Es tradicionalista en cuanto al hogar, la unidad familiar y los roles sexuales femeninos.
  • Ha sido socializada para pensar que los golpes son cosa normal en el matrimonio.
  • Cree que nadie la puede ayudar a resolver su problema.
  • Se siente responsable por la conducta del agresor.
  • Exhibe o demuestra una gran resistencia y una actitud de aceptación pasiva.
  • Abriga esperanzas irreales de que el cambio es inminente.
  • Se vuelve aislada socialmente. Se define así misma en términos de las necesidades de los demás.
  • Es capaz de hacer todo aquello que los demás desean, en especial su amante masculino.
  • Posee un alto riesgo de volverse adicta a las drogas o alcohol.

 -Exhibe desordenes de estrés, depresiones y condiciones p sicosomáticas.

– Basa sus sentimientos de autovalía en la habilidad de conquistar y mantener a un hombre a su lado.

­- Acepta el mito de superioridad masculina.

  • Subestima el peligro de su situación.
  • Acepta la visión de la realidad que tiene su compañero.
  • Siente que no tiene derecho a defenderse.
  • Duda de su propia salud mental.  
  • Teme al estigma del divorcio

Esta información a más de ampliar nuestros conocimientos debe ser útil para que la tengamos en consideración y darnos cuenta de que podemos ayudar a las personas que sufren de estos trastornos en especial a la mujer o familia maltratada.

Colabora con la causa

Ayudanos a seguir dando información de interes social y humano, de antemano te lo agradecemos

€2,00

Anuncios

TEORÍAS CONDUCTISTAS DEL DELITO

A continuación les presento trabajo de tutoría que se me presento como profesor de la materia Régimen Penal II de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, básicamente es resumen de la Teorías Conductistas del Delito, de antemano agradezco la colaboración de mis estudiantes las señoritas Maria José Malucin y Adriana Crespo, espero que les guste y les sirva mucho:

INTRODUCCIÓN

Las teorías son herramientas útiles que nos ayudan a entender y explicar el mundo que nos rodea. En criminología, nos ayuda a comprender el funcionamiento del sistema de justicia penal y los actores en el sistema.

Las teorías sugieren cómo son las cosas, no las cosas como debe ser. Estas no son inherentemente buenas o malas, sin embargo, pueden ser utilizados a favor o en contra.

Una teoría puede tratar de explicar la delincuencia de unidad social de gran tamaño o área (macro), o puede intentar explicar la delincuencia en la más pequeña unidad de nivel o individual (micro). Porque se trata de la conducta humana, las ciencias sociales nunca serán como una ciencia dura. En las ciencias duras, la teoría de la relatividad no va a cambiar. En las ciencias sociales, sin embargo, nos ocupamos de probabilidades. El científico social se dice cosas como: “Un grave abandono de menores, es probable que cometan, o tienden a cometer actos delictivos”. 

Para ser utilizado para la eficacia máxima, las teorías deben tener sentido (coherencia lógica), explicar como el crimen es posible (alcance), y ser lo más conciso posible (parsimonia).

La mayoría de importante, la teoría debe ser verdadera o correcta (validez). Después de haber cumplido con estos objetivos básicos, la teoría a continuación, debe tener algunas aplicaciones del mundo real y las implicaciones políticas.

TEORÍA CONDUCTISTA DEL DELITO.

La teoría conductista se desarrolla principalmente a partir de la primera mitad del siglo XX y permanece vigente hasta mediados de ese siglo, cuando surgen las teorías cognitivas.

La teoría conductista, desde sus orígenes, se centra en la conducta observable intentando hacer un estudio totalmente empírico de la misma y queriendo controlar y predecir esta conducta. Su objetivo es conseguir una conducta determinada, para lo cual analiza el modo de conseguirla

De esta teoría se plantearon dos variantes

El condicionamiento clásico.- Describe una asociación entre estímulo y respuesta contigua, de forma que si sabemos plantear los estímulos adecuados, obtendremos la respuesta deseada. Esta variante explica tan solo comportamientos muy elementales. 

El condicionamiento instrumental y operante.- Persigue la consolidación de la respuesta según el estímulo, buscando los reforzadores necesarios para implantar esta relación en el individuo.

Para las Teorías Conductistas, lo relevante en el aprendizaje, es el cambio en la conducta observable de un sujeto, cómo éste actúa ante una situación particular. La conciencia, que no se ve, es considerada como “caja negra”. En la relación de aprendizaje sujeto – objeto, centran la atención en la experiencia como objeto, y en instancias puramente psicológicas como la percepción, la asociación y el hábito como generadoras de respuestas del sujeto. No están interesados particularmente en los procesos internos del sujeto debido a que postulan la “objetividad”, en el sentido que solo es posible hacer estudios de lo observable.

Las aplicaciones en educación se observan desde hace mucho tiempo y aún siguen siendo utilizadas, en algunos casos con serios reparos. Enfoques conductistas están presentes en programas computacionales educativos que disponen de situaciones de aprendizaje en las que el alumno debe encontrar una respuesta dado uno o varios estímulos presentados en pantalla. 

Al realizar la selección de la respuesta, se asocian refuerzos sonoros, de texto, símbolos, etc., indicándole al estudiante si acertó o erró la respuesta. Esta cadena de eventos asociados constituye lo esencial de la teoría del aprendizaje conductista.

Pero también existen otras situaciones que se observan en educación y que son más discutibles aún, como por ejemplo el empleo de premios y castigos en situaciones contextuales en las que el estudiante guía su comportamiento en base a evitar los castigos y conseguir los premios, sin importarle mucho los métodos que emplea y sin realizar procesos de toma de conciencia integrales.

Hoy día hay consenso en estimar un conjunto de aprendizajes posibles de desarrollar mediante esquemas basados en las teorías conductistas, tales como aquellos que involucran reforzamiento de automatismos, destrezas y hábitos muy circunscritos (recitar una secuencia de nombres, consolidar el aprendizaje de tablas de suma y de multiplicar, recordar los componentes de una categoría [elementos químicos, adverbios, etc.], etc.). 

Los conductistas definen el aprendizaje solo como la adquisición de nuevas conductas o comportamientos.

ALBERT BANDURA (La Teoría del Aprendizaje Social).

Albert Bandura nació en Mundare, Canadá en 1925. Se crió en una pequeña comunidad agrícola en Canadá. Bandura recibió su licenciatura de la Universidad de la Columbia Británica en 1949. En 1952, obtuvo su doctorado de la Universidad de Illinois. Durante sus estudios en la Universidad de Iowa, desarrolló la teoría del aprendizaje social. 

La teoría del aprendizaje social es la teoría de la conducta más relevante para la criminología. Albert Bandura cree que la agresión se aprende a través de un proceso llamado modelado de comportamiento. Él creía que las personas en realidad no heredan tendencias violentas. Albert Bandura argumenta que los individuos, especialmente los niños aprenden las respuestas agresivas de los demás al observar, ya sea personalmente o a través de los medios de comunicación y el medio ambiente. Dijo que muchas personas creen que en la agresión, se produce refuerzos. 

Estos refuerzos pueden formular en la reducción de tensión, obteniendo beneficios económicos, o la obtención de la alabanza de los demás, o la construcción de la autoestima. En el experimento muñeca Bobo, los niños imitaban la agresión de los adultos a causa de la recompensa obtenida. 

Albert Bandura estaba interesado en el desarrollo del niño. Sostuvo también, que la agresión en los niños está influenciada por el refuerzo de los miembros de la familia, los medios de comunicación, y el medio ambiente”. 

Albert Bandura, cree que la agresión reforzada por miembros de la familia, es la fuente más importante de los modelos de comportamiento. Él informa que los niños utilizan las mismas tácticas agresivas que sus padres, cuando se trata de ilustrar con otros. Mientras estudiaba en Iowa, Bandura se vió muy interesado en la agresión en niños. Con el fin de controlar la agresión, Bandura dijo que el problema debe ser diagnosticado y tratado durante nuestra niñez. “No debemos someter a las personas a los tratamientos y, a continuación, algunos años más tarde, tratando de averiguar qué efectos tienen. Debemos probar los tratamientos antes de embarcarnos en aplicaciones generalizadas. Los niños aprenden a actuar agresiva cuando se modelan su comportamiento después de los actos violentos de los adultos, especialmente miembros de la familia. Por ejemplo, los niños que son testigos de su padre en repetidas ocasiones, de la huelga a su madre, es más que probable, que se conviertan en unos padres o esposos abusivos

Albert Bandura cree que la agresión debe explicar tres aspectos: En primer lugar, cómo los patrones de la conducta agresiva se desarrollan, en segundo lugar, lo que provoca la gente a comportarse de manera agresiva, y el tercero, lo que determina si van a continuar a recurrir a un patrón de comportamiento agresivo en futuras ocasiones.

El aprendizaje por observación es también conocido como imitación o modelado. En este proceso, el aprendizaje se produce cuando los individuos se observan e imita el comportamiento de otros. Hay cuatro procesos componentes influenciados por el comportamiento del observador tras la exposición a modelos. Estos componentes incluyen: atención, retención, reproducción motora y la motivación.

La atención es el primer componente de aprendizaje por observación. Los individuos no pueden aprender mucho de la observación, a menos que percibir y atender a las características importantes de la conducta modelada. Por ejemplo, los niños deben asistir a lo que el agresor está haciendo y diciendo con el fin de reproducir el comportamiento del modelo. 

La retención es el siguiente componente. Con el fin de reproducir el comportamiento modelado, los individuos deben codificar la información en la memoria a largo plazo. Por lo tanto, la información será la recuperación. La memoria es un importante proceso cognitivo que ayuda a observar y recuperar información. 

La reproducción del motor es otro proceso en el aprendizaje por observación. El observador debe ser capaz de reproducir el comportamiento del modelo. El observador debe aprender y poseer la capacidad física de la conducta modelada. Una vez que un comportamiento que se aprende a través de la atención y la retención, el observador debe poseer la capacidad física para producir el acto agresivo. Los niños tenían la capacidad física de golpear y golpear a la muñeca en el suelo. 

El proceso final en el aprendizaje por observación es la motivación o refuerzos. En este proceso, el observador espera recibir refuerzos positivos para el comportamiento del modelo. En el experimento muñeca Bobo, a los niños testigos de los adultos están recompensados por su agresión. Por lo tanto, se realizó el acto mismo de alcanzar las recompensas. Por ejemplo, la mayoría de los niños testigos de violencia en la televisión siendo recompensado por los medios de comunicación. 

Históricamente, los ladrones de bancos eran héroes. Muchas personas se molestaron muy cerca de la muerte de Bonnie y Clyde. Cuando los individuos, especialmente los niños presencian este tipo de medios de comunicación, que asisten, poseen la capacidad de motor y de realizar la conducta modelada por el refuerzo positivo determinado por los medios de comunicación. 

El experimento muñeca Bobo, dice Bandura que ha ayudado a la teoría de que “A medida que los niños siguen a la edad, la experiencia sigue afectando su personalidad, convirtiéndolos en adultos violentos. Albert Bandura informó que las personas que viven en las zonas de altas tasas de criminalidad, son más propensas a actuar violentamente que los que habitan en zonas de bajos delito. 

Albert Bandura cree que la televisión era una fuente de modelado de comportamiento. Hoy en día, las películas y programas de televisión muestran la violencia gráfica. La violencia se expresa a menudo como un comportamiento aceptable, especialmente para los héroes que nunca serán castigados. 

Dado que la agresión es una característica prominente de muchos programas, los niños que tienen un alto grado de exposición a los medios de comunicación pueden presentar una incidencia relativamente alta de hostilidad mismos a imitación de la agresión que han sido testigos. 

Por ejemplo, David Phillips, informó que las tasas de homicidios aumentan enormemente después de una pelea de campeonato de peso pesado. Ha habido una serie de muertes vinculadas a la violencia en la televisión. Por ejemplo, John Hinckley intentó asesinar al presidente Ronald Reagen después de haber visto la película “Taxi Driver” quince veces. En la película “Born Innocent”, una niña fue violada con una botella por otras cuatro chicas. 

Un incidente más, es el de Ronald Zamora mató brutalmente a una anciana y se declaró la defensa de la locura. Su abogado argumentó que Zamora era adicto a la violencia en la televisión. Como resultado, no podía distinguir entre la realidad y la fantasía. Sin embargo, Zamora fue declarado culpable porque el jurado no creyó en su defensa. 

EDWIN SUTHERLAND (1883-1950):

Sociólogo norteamericano, profesor de la Universidad de Illinois donde escribió un libro de texto, Criminology (1924) en el que inició la teoría de la asociación diferencial que completó en su cuarta edición en 1947.

Teoría de la asociación diferencial.

En 1939, Sutherland desarrolla su teoría de la asociación diferencial, una teoría que venía exigida por la ruptura operada en el campo de la sociología del delito por el concepto de delito de cuello blanco. Las teorías lombrosianas del delincuente nato, las explicaciones psicológicas-psiquiátricas sobre los tipos criminales, la aplicación de test mentales a los reclusos, así como de la identificación del mundo del delito con el mundo de la pobreza, junto con las políticas de prevención basadas en la eugenesia, conocieron entonces un descrédito total. 

Sutherland desplazó el crimen del callejón para introducirlo en los consejos de administración. Hay delincuentes pobres, pero los delincuentes pobres, no son los únicos delincuentes. Las altas tasas de la delincuencia de cuello blanco se dan precisamente en las zonas residenciales ajardinadas en donde viven los magnates de las grandes empresas rodeados de un lujo ostentoso. En contrapartida, áreas pobres de la ciudad, pueden ser áreas con bajas tasas de delincuencia como ocurre con las zonas de asentamiento de los inmigrantes chinos. En fin, las teorías psicológicas y de la personalidad se habían mostrado además incapaces de explicar las razones de las bajas tasas de delincuencia femenina. 

La teoría de la asociación diferencial es el resultado de aplicar el procedimiento de la inducción analítica que Sutherland retomó de su discípulo Alfred R. Lindesmith. 

Los pasos a seguir para la elaboración de la teoría eran los siguientes: 

1. Se define el tipo de conductas que se quieren explicar, en este caso las conductas delincuentes. 

2. Se formula una conjetura o hipótesis explicativa de este tipo de conductas. 

3. Se estudia caso por caso a la luz de la hipótesis avanzada con el fin de proceder a la validación, rectificación o falsedad de la hipótesis de partida. 

4. Si la hipótesis no da cuenta de los hechos debe ser a su vez modificada para explicar el caso negativo. 

5. Se repite este procedimiento de modificar la hipótesis hasta que se logra la certeza práctica de que se ha establecido una teoría explicativa válida. En el caso de Sutherland el resultado fue la teoría de la asociación diferencial. 

En la primera versión de la teoría, esta se resumía en siete proposiciones que se convirtieron en nueve en la edición de los Principios de Criminología de 1947, justo cuando el manuscrito del libro sobre El delito de cuello blanco estaba casi listo para la imprenta. Las proposiciones aparecen en el capítulo IV dedicado a una teoría sociológica del comportamiento criminal, y son las siguientes: 

1. El comportamiento criminal se aprende. 

2. El comportamiento criminal se aprende en contacto con otras personas mediante un proceso de comunicación. 

3. El comportamiento criminal se aprende sobre todo en el interior de un grupo restringido de relaciones personales. 

4. Cuando se ha adquirido la formación criminal ésta comprende: 

a) la enseñanza de técnicas para cometer infracciones que son unas veces muy complejas y otras veces muy simples, 

b) la orientación de móviles, de tendencias impulsivas, de razonamientos y de actitudes.

5. La orientación de los móviles y de las tendencias impulsivas está en función de la interpretación favorable o desfavorable de las disposiciones legales. 

6. Un individuo se convierte en delincuente cuando las interpretaciones desfavorables relativas a la ley prevalecen sobre las interpretaciones favorables. 

7. Las asociaciones diferenciales pueden variar en lo relativo a la frecuencia, la duración, la anterioridad y la intensidad. 

8. La formación criminal mediante la asociación con modelos criminales o anti criminales pone en juego los mismos mecanismos que los que se ven implicados en cualquier otra formación. 

9. Mientras que el comportamiento criminal es la manifestación de un conjunto de necesidades y de valores, no se explica por esas necesidades y esos valores puesto que el comportamiento no criminal es la expresión de las mismas necesidades y de los mismos valores. 

Y concluye Sutherland estas proposiciones con el siguiente comentario: 

El postulado sobre el que reposa esta teoría, independientemente de cómo se la denomine, es que la criminalidad está en función de la organización social, es la expresión de la organización social. Un grupo puede estar organizado bien para favorecer la explosión del comportamiento criminal, o bien para oponerse a ese comportamiento. 

La mayor parte de los grupos son ambivalentes, y las tasas de la criminalidad son la expresión de una organización diferencial de grupo. La organización diferencial del grupo, en tanto que explicación de las variaciones de las tasas de criminalidad, corresponde a la explicación por la teoría de la asociación diferencial del proceso mediante el cual los individuos se convierten en criminales (1). 

Para el sociólogo norteamericano una persona accede al comportamiento delictivo porque mediante su asociación con otros, principalmente en el seno de un grupo de conocidos íntimos, el número de opiniones favorables a la violación de la ley, es claramente superior al número de opiniones desfavorables a la violación de la ley.

(1) Edwin H. SUTHERLAND y Donald R. CRESSEY, Principes de criminologie, Ed. Cujas, Paris, 1966, p.88-90. Existe en francés una amplia literatura sobre los delitos económicos. He aquí algunas referencias: Jean COSSON, Les industriels de la fraude fiscale, Seuil, Paris,1971 K. TIEDEMANN, ‘Phenomenologie des infractions economiques’ en Aspects criminologiques de la délinquence d’ affaires, Consejo de Europa, Estrasburgo,1977. G.KELLENS y P. LASCOUMES, Moralisme, juridisme et sacrilège; la criminalité des affaires. Analyse bibliographique, Deviance et Societé, 1,1977,119-133 G.KELLENS, Crise economique et criminalité economique, L’ Année Sociologique, 1978, 194-208. Jean COSSON, Les grands escrocs en affaires, Seuil,Paris, 1979 Ph. ROBERT y C. FAUGERON, Les forces cachées de la justice: la crise de la justice penale, Le centurion, Paris,1980. H. D. BOSLY, ‘Du Droit penal des affaires” Revue de l’ Université de Bruxelles,1-3,1984,186-207.Es interesante, por sus abundantes referencias bibliográficas, el libro más reciente de Pierre LASCOUMES, Elites irrégulières. Essai sur la délinquence d’affaires, Gallimard, París,1997, en donde se dedica todo un capítulo ( pp. 49-80) a la censura del libro de Sutherland, en versión novelada. 

La teoría de la asociación diferencial, al sustituir el concepto de desorganización social, sobre el que reposa una buena parte de la sociología de Chicago, por el de organización social diferencial, abría la vía al estudio de los valores, las culturas y subcultura en conflicto. A partir de entonces ya era posible preguntarse ¿quién impone las reglas y en beneficio de quienes? Pero a la vez, en la medida en que se trataba de una teoría sociológica fue leída, en lo que se refiere a las políticas de prevención de la delincuencia y a las políticas de reinserción, como un sistema de referencia para una forma compleja de intervención social comunitaria. 

De hecho Sutherland se interesó por el trabajo que estaban realizando en Chicago los sociólogos Clifford R. Shaw y su amigo Henry D. McKay que compartían en buena medida con él la teoría de la asociación diferencial (2). 

Para Tappan delincuente es el que es definido como tal por los tribunales de justicia mediante condenas formales. Se sumaba así a la opinión defendida por los abogados de la editorial Dryden Press que temían que, si el libro hacía públicos los nombres de las setenta grandes empresas, la casa editorial podría ser acusada de promover un libelo al llamar delincuentes a las grandes compañías. La réplica de Sutherland parece sin embargo convincente pues, entre otras cosas, se basa en la impunidad, puesta de manifiesto por el propio Sutherland en The Professional Thief, de la que gozan los ladrones profesionales: delincuente es quien transgrede las leyes, sea objeto o no el transgresor de procedimientos posteriores de condena. Sutherland llegó a considerar delincuentes no solo a los que atentan contra la letra de la ley, sino también a quienes vulneran el espíritu de la ley, puesto de manifiesto por el legislador. 

Aún más, se podría afirmar que su trabajo científico, sobre los delitos de cuello blanco, proporciona una información de primera mano a los jueces, para condenar a los delincuentes de cuello blanco ateniéndose no solo a los hechos, sino también al espíritu de la ley, a la reincidencia, y sobre todo al modus operandi. 

Sutherland entendía que el excesivo juridicismo y garantismo en lo que se refiere a los delitos de cuello blanco, lejos de propiciar un sistema de defensa de los derechos ciudadanos, como tantas veces se afirma, en realidad, lo que crea es una doble balanza de la justicia: de un lado la balanza que penaliza sistemáticamente los delitos de los pobres y de otro, la que se muestra complaciente y condescendiente con los delitos de los ricos.

(2) [Sutherland reseñó el libro Juvenile delinquency and urban areas. A study of rates of delinquents in relation to differential characteristics of local communities in American cities en el que participaron muy activamente Shaw y McKay junto con Paul Cressey y otros sociólogos (American Journal of Sociology, 49, 1943, pp.100-101). En esta reseña se refiere una vez mas a los delitos de cuello blanco y critica la identificación del delito con la pobreza. Es muy probable que en la sustitución del concepto de desorganización social por el de organización social diferencial haya influido la lectura de Sutherland del ya clásico libro de William Foote WHITE, Street Corner Society que el propio Sutherland también reseñó (Cf. American Journal of Sociology, 50, 1944, 76-77). Sobre la centralidad del concepto de desorganización social construido fundamentalmente por Thomas y Park, véase Peter JACKSON, Social disorganization and moral order in the city, Trans. Inst. Br. Geogra. 9, 1984, pp.168-180.

Sutherland, a pesar de su lenguaje prudente y meditado, pasaba por ser un radical, que efectivamente arremetía contra las injusticias de las agencias oficiales de la justicia. Su concepción de la justicia no coincidía puntualmente con las leyes y menos aún con los procedimientos penales, de modo que su teoría parecía demasiado crítica como para ser socialmente asumida en un clima político militarizado y atravesado por la dialéctica infernal del amigo y el enemigo. Quizás la muerte lo liberó de ser acusado y perseguido por sus ideas políticas. En todo caso, y pese a que sus discípulos prolongaron su obra, el cuestionamiento de los delitos de cuello blanco quedó como en sordina. A ello quizás contribuyó una cierta ambigüedad en la definición del delito ya que comprende a la vez los delitos de los profesionales y los delitos de las corporaciones (3).

Era preciso que en los años ochenta irrumpiese con fuerza la marejada neoliberal, para que los llamados delitos económicos, pasen a ocupar el primer plano de la escena social, y para que los discípulos de Sutherland, sintiesen la necesidad de reeditar la versión íntegra, no censurada, de El delito de cuello blanco. 

Rituales de la impunidad 

Gracias a los trabajos de Sutherland, y a los estudios realizados por sus continuadores, conocemos mejor la mecánica que facilita la impunidad de los delincuentes de cuello blanco. Los grandes procesos de estos delincuentes presentan la apariencia de la singularidad que les otorga el prestigio social del acusado pero en realidad no pueden ser más repetitivos y rituales. En un primer momento el presunto delincuente, cuando se produce la orden de detención, se declara inocente y víctima de una maquinación. Como se creen situados en el centro del mundo confunden su caída con la caída del mundo. Unos, los más débiles, formulan en voz alta el chantaje: si me detienen tiraré de la manta. Otros, los que cuentan con más apoyos, guardan un significativo silencio. Saben que sus amigos no cesan de actuar en la sombra. Esto les da fuerzas para proclamar ante el juez su inocencia. 

Para probarla echan mano de famosos abogados especializados en delitos económicos que ponen en actividad febril a todos los subalternos de su bufete. Si es preciso se acude a otro u otros bufetes de abogados, -siempre de reconocido prestigio- con específicas calificaciones. 

(3)[La ambiguedad ha sido señalada por el sociólogo Gresham M. SYKES, Crimonology, Harcourt Brace Javanovich inc. Nueva York, 1978, p. 99. Entre los discípulos de Sutherland figuran los nombres de importantes sociólogos del delito tales como Albert Cohen, Marshal Clinard, Donald Cressey, Lloyd Ohlin, Alfred Lindesmith, Karl Schuessler, Donald Glaser… He aquí algunas de las obras publicadas por ellos que se inscriben en el marco de el delito de cuello blanco : D. R. CRESSEY, Other people’s money, The Free Press, New York, 1953. D. R. CRESSEY, Theft of the nation, Harper and Row Publishing, New York, 1969. M. B. CLINARD,The Black Market: A Study of Whyte Collar Crime, Rinehart and Winston, Nueva York,1952. M. B. CLINARD y P. C. YEAGER, Corporate Crime, Free Press, Nueva York,1980. M. B. CLINARD, Corporate Ethics and Crime.The Role of the Middle Management, Sage Publications, Beverly Hills,1983. J. F. SHORT Ed. Delinquency,Crime and Society, Free Press, Nueva York,1976.]. 

DURKHEIM

Las teorías de Durkheim, se centran en los valores de la sociedad y la moral. Para él, el crimen es una parte normal de toda sociedad, de hecho es necesario cierto nivel de criminalidad para mantener la cohesión social y reforzar la solidaridad. Lo que es considerado normal o patológico está determinado por la generalidad, pues algo normal es lo que aparece en varias sociedades y contribuye a la vida grupal. Las deficiencias en las estructuras sociales legítimas dan la pauta para el surgimiento de otro tipo de organizaciones o estructuras que satisfacen las necesidades que las legítimas no pueden; éstas pueden ser vistas de modo conformista o como una desviación. 

Las causas que provocan la desviación para Durkheim, son la mala integración del sistema o una socialización inadecuada en la niñez. 

Una cantidad tolerable de delincuencia es necesaria para la sociedad, por tanto, no es aceptable que en una sociedad no exista delincuencia, ya que eso podría traducirse en una exageración del control social, así mismo sería contraproducente un alto nivel de criminalidad, pues sería síntoma que indicaría desestructuración.

Por tanto, una desviación moderada reforzará el orden social; según Durkheim es mejor la regulación que la desaparición, no se pueden eliminar las conductas desviadas, pero se pueden canalizar hacia donde no pueda desestructurar a la sociedad.

De esta teoría surge la de anomia, que Durkheim utiliza en dos sentidos; uno relacionado con la economía, es decir, los tiempos de ajuste económico, y el otro en sentido más psicológico, como un caso patológico del individuo. 

Decía que la anomia aparece en momentos de transición y reajuste económico. Esto sucede cuando el crecimiento económico es demasiado rápido, y los reguladores morales no evolucionan lo suficiente para controlar los cambios sociales. Es decir, que se produce cuando los cambios demasiado rápidos al sistema social, fomentan la creación de funciones nuevas antes de que puedan ser reguladas. Esto provoca conflictos sociales, para cuyo control social no cuenta con formas adecuadas de resolver, es decir, no está preparado. 

De tal modo, se llega a una situación en la que las diversas funciones carecen de adaptación mutua. Eso se puede traducir no sólo a los crecimientos económicos, sino a las crisis o a las guerras, donde el nivel de delincuencia aumenta exponencialmente. 

Por eso, anomia no significa ausencia total de normas, como parece indicar el significado literal del término, sino más bien la no integración del sistema de funciones sociales. Existen normas, pero resultan inadecuadas, contradictorias, no legítimas; en tal situación, las necesidades individuales ya no están reguladas por la conciencia colectiva, y los deseos aumentan desmesuradamente, precisamente cuando la sociedad ya no es capaz de satisfacerlas de manera adecuada.

Quien lleva más allá el desarrollo de esta teoría es Merton, él desarrolla un concepto de anomia, donde se produce un choque entre la cultura y la estructura social.

Por consiguiente, la anomia se concibe como una ruptura que se realiza en la estructura cultural, cuando se da una disyunción aguda entre las normas y fines culturales y las capacidades socialmente estructuradas de los miembros del grupo, para obrar de acuerdo con dichas normas y fines (Taylor, 1997). 

En otras palabras, la anomia nace del hecho de que en determinadas sociedades se ejerce una fuente presión generalizada (es decir, sobre todas las capas sociales individualmente) a interiorizar algunos fines (y a luchar por alcanzarlos), sin que al mismo tiempo se les brinden a todos las mismas oportunidades iniciales y los mismos medios institucionales en orden de alcanzar dichos fines.

La causa de la anomia es la incapacidad de alcanzar las metas propuestas por la clase hegemónica, mediante los medios establecidos como legales y por tanto, hacer uso de medios ilegales para lograr la acumulación de dinero (fin impuesto como equivalente al logro del éxito).

Las teorías de Merton contribuyen al surgimiento de las teorías culturales o subculturales, que explican la delincuencia juvenil argumentando su incorporación a patrones culturales distintos. 

Incorporan la idea de la desigualdad de oportunidades. Éste es el caso de Albert Cohen, que critica el surgimiento de la delincuencia por la desigualdad de oportunidades de acceder a la riqueza.

Las subculturas surgen como una forma de protesta contra un sistema que no les permite el logro de sus objetivos, por tal motivo crean nuevas formas culturales que les garanticen ese logro. 

Estas culturas surgen con personas que tienen problemas similares, por tanto, se vuelve un imperante de su cultura la solución de esos problemas comunes. Sin embargo, los bienes materiales no son el único móvil que lleva a cometer actos delictivos.

Las teorías del control social tienen una idea en común; los deseos humanos no tienen límite. La búsqueda de la máxima satisfacción con el menor esfuerzo es algo humano. Si existe una oportunidad para obtener algo satisfactorio y no existe una pena o costo excesivo para lograrlo, se aprovechará. 

Se basa en que la teoría es el conductismo, y en el planteamiento de premio y castigo.

La violación de las reglas es algo normal y cotidiano, sin embargo, la concepción de que esto es un acto desviado puede depender de la percepción que se tenga sobre el acto. Cuando la acción deja de ser algo privado y se convierte en una cuestión pública, se produce un cambio cualitativo, es decir, no es lo mismo el robar que considerarse o ser considerado como ladrón. 

La mayoría de las desviaciones de nuestra sociedad son cometidas por todos y visto como un acto normal, pues estas desviaciones son consideradas como normales, como el pasarse un alto o comprar mercancía de dudosa procedencia son violaciones de las leyes, pero no es reconocida como una violación de importancia. La presencia de la desviación no es lo importante, sino la respuesta que se le da. La crisis se da cuando los demás rechazan la desviación. 

ALBERT COHEN

Teorías Sub – Culturales de la Delincuencia Juvenil

Cuando se discute el origen de la anomia, ya sea en la concepción mertoniana, como una contradicción entre el sistema cultural de una sociedad y el sistema social, o más bien en su concepción original planteada por Durkheim y continuada por la sociología de la desorganización, esto es la anomia como debilitamiento de la norma y los valores en el constreñimiento de la conducta, por cambios sociales repentinos; es que nos damos cuenta que las Teorías de la anomia no pueden proporcionar explicaciones sociales.

Algunas personas eligen delinquir y otras no. El delito, que como cualquier otra conducta social, en última instancia es perpetrado por agentes individuales y no por fuerzas macro sociales.

La crítica al concepto de socialización y sus consecuencias conservadoras van a ser abordadas desde el estructural-funcionalismo por el famoso ensayo de Mertón “Teoría Social y Anomia Social”, en el que se propone la tesis de la contradicción entre el sistema social y el sistema cultural como origen de las conductas “innovadoras”. Pero tiene un defecto, pues supone un individuo plenamente socializado que es “empujado” hacia el delito luego de experimentar frustración social, y por otra parte, Merton reconoce el hecho de que algunas personas delincan y otras no, que, en similar contexto social y cultural, sólo puede ser explicado a partir de factores individuales, variables no consideradas por su teoría de la anomia.

El pilar común de las teorías de la desviación cultural es la observación de Thorsten Sellin, de que el delito siempre es relativo a las normas del grupo que lo definen como tal. Es decir, producto de una convención social.

Desde la obra de Durkheim, se acepta el papel externo de la norma, ya sea como causa de la acción social (“holismo metodológico”: la estructura social como instancia determinante de la acción social individual) o como consecuencia (individualismo metodológico: los fenómenos culturales y sociales como sistemas emergentes de la acción social individual).

Para Durkheim en su obra “Las Reglas del Método”, los preceptos culturales van a ser visto como externos y con capacidad coactiva sobre el individuo: del objeto cultural de éxito y dinero no escapa nadie, y la frustración que se deriva de la imposibilidad de su logro por la desigualdad de oportunidad es producto de la estructura social que desemboca en conductas ilegales.

Este papel de la cultura va a ser clave en las teorías de la desviación cultural, particularmente las teorías de la subcultura delincuente.

El concepto de subcultura, se describe a partir de la siguiente obra clásica Delinquent Boys: the culture of the gang (“Muchachos delincuentes: la cultura de la pandilla”), escrito por el sociólogo Albert Cohen

La Teoría De La Subcultura

Cohen otorga a la palabra cultura su acepción antropológica: un conjunto de conocimientos, creencias, valores, códigos y prejuicios. ¿Cómo se adquiere la cultura? A través de su participación en ella. A través de la socialización en grupos primarios (familia y pares). Para Cohen, la interacción social es un concepto clave, dado que el delito es una conducta con sentido que implica aprendizaje.

Así cuando Cohen concuerda con Sutherland en que el delito es un aprendizaje, se deja ver que en el caso de los niños, sólo es posible convertirse en delincuente al acceder a un grupo donde la conducta delictiva ya es un patrón de conducta. Así la delincuencia de niños y jóvenes se explica a partir de la exposición a ciertos patrones subculturales de conducta. Pero, sin descartar las explicaciones psicogénicas.

Para Cohen a diferencia de Freud, para el que, la conducta criminal es instintiva; la conducta criminal se aprende en el contexto de interacción social, en el que el individuo le asigna un sentido a su conducta.

El intento de Cohen es integrar su explicación en un modelo de transmisión cultural de pautas, valores y creencias; y, los aspectos subjetivos de la personalidad y la conducta.

Cohen acepta que prácticamente todos los niños y jóvenes, más allá de la clase social, ha cometido un delito. Pero si se analiza la concentración de la delincuencia, en frecuencia e “intensidad” (o gravedad), esta se encuentra en las clases bajas. Para Cohen, la subcultura delincuencias se observa en los jóvenes varones de clase baja.

Reconocer delito en clase baja no es ser clasista, sino una realidad. 

Para Cohen, toda conducta humana, incluida el delito, es una forma de resolver un problema. La conducta es un intento de solución, no siempre exitoso.

Los problemas de difícil solución crean frustración, tensión, resentimiento, ansiedad y desesperanza. Para Cohen, la única solución posible es la modificación del marco de referencia, un cambio en los valores y creencias de la persona. Acorde a la estructura clasista de la sociedad moderna, los problemas no son distribuidos de forma aleatoria en la sociedad: la edad, el sexo, el nivel económico y social condicionan las oportunidades a las que se tienen acceso.

Cohen indica que la estructura social influye en la conformación de las subjetividades, de acuerdo a la posición social que ocupa la persona. 

¿Qué explica el surgimiento y mantenimiento de una subcultura delincuencial? La interacción efectiva de un número de actores con problemas similares de ajuste con relación a similares problemas.

La aceptación del grupo exige el consenso, aceptar las creencias y normas que rigen la subcultura: demostrar valentía, comportarse de forma intrépida, no ser un delator o “policía”.

Hablábamos, que a partir de la ausencia paterna, la figura gravitante en el mundo del niño y adolescente varón es la madre, por lo que la ansiedad que le produce ausencia de referentes masculinos se traduce en una “sobreactuación” de conductas consideradas varoniles, resultando muchas veces en violencia, accidentes y delincuencia.

Entonces, ¿Cómo surge la subcultura? Dado que los modelos culturales vigentes y las conductas “legales” de los jóvenes no resuelven sus ansiedades, se va construyendo grupalmente una nueva subcultura. Es una nueva innovación conductual o valorativa. Por ejemplo: pararse los pelos al estilo punk, llevar aretes, tirar piedras a los autos, todo por ser bien recibido en el grupo.

Estos grupos son de escasa educación formal. Lo importante del surgimiento de la subcultura es su condición de proceso emergente. Desde la teoría, ninguna intención de “rehabilitación” será exitosa al menos que contemple los grupos de referencia en la que se desenvuelve el joven. 

Actualmente el deterioro cultural que ha traído la marginalidad sobre la familia nos hace pensar en la necesidad de analizar también a la familia como lugar de surgimiento de sub culturas delincuenciales y ámbitos de intervención para la prevención de delitos.

La subcultura es “cultural” en la medida que se comparten normas, valores e interpretaciones. Es “sub” porque no es compartida (teóricamente) por grupos sociales más amplios. Como todo fenómeno cultural, sobrevivirá a sus miembros en la medida que siga satisfaciendo alguna necesidad.

Características de la Teoría de la Sub Cultura

En la conocida definición de subcultura delincuencia de Cohen, éste la describe como consistiendo en un crimen juvenil no – utilitario, malicioso y negativista. No utilitario en que no es un medio para un fin, no está ejecutado como un medio de satisfacción de alguna necesidad. Por ejemplo: tobar ropa de mujer siendo hombre.

Entonces la finalidad del delito sub cultural, si no es la satisfacción utilitaria como instrumento al servicio de un fin, el fin es la conducta en sí misma. 

Así, Cohen señala que el delito es una conducta expresiva, no explica un fin, sino que en sí mismo expresa un sentido. Además que, dentro de la legalidad, toda opción ilegal expresa una preferencia, y toda preferencia refleja algo sobre el que elige y sus circunstancias.

Otra característica del delito sub cultural es la malicia. Existe un disfrute en poner a las víctimas en ciertas circunstancias. En un sentido psicoanalítico, puede interpretarse como rasgos perversos dirigidos a violar una convención, a disfrutar del desafío a la ley desde la posición que siente que ésta es para los otros.

Se delinque no solo por delinquir, sino porque está prohibido. 

El sentido negativista de la subcultura se demuestra en el renco, desprecio, maldad, ridiculización y humillación del prójimo y actitud desafiante. Todos estos elementos buscados de forma activa. 

La conducta delincuencial individual no puede ser interpretada como un mero fenómeno de las condiciones sociales imperantes. Se pregunta Cohen, la pobreza no explica que jóvenes roben botellas de leche para romperlas contra la pared del vecino de al lado. Las necesidades económicas no explican la conducta delictiva de forma mecánica. 

¿Qué valor encuentra Cohen que sintetiza las tres características de la subcultura delincuencial? La respuesta de Cohen, está en sintonía con la psicología cognitivo-conductual: los jóvenes bajo el influjo hedonista (búsqueda del placer y supresión del dolor como objetivo en la vida) no planifican, no tienen objetivos a largo plazo, no les interesa ninguna actividad que implique estudio o práctica deliberada, etc. 

Los jóvenes hedonistas no toleran la más mínima regulación ni restricción de la conducta. Así sobre esta característica son considerados como rebeldes sociales. 

Cohen los caracteriza también como desprovistos de pensamiento crítico y de la capacidad de controlar los impulsos, de rigidez cognitiva y con falta de capacidad para empatizar con el prójimo. 

Si bien es cierto que los fenómenos macro sociales pueden dar cuenta de la marginalidad social y del surgimiento de las sub culturas delincuenciales, aún así no explican las conductas delictivas individuales. 

A nivel macro social, no se puede explicar el delito sin rescatar la problemática cultural vigente en una sociedad. A nivel micro social, la teoría debe dar cuenta de la enorme brecha que hay entre el delito y la desigualdad social. Cohen explica esta diferencia entre las conductas individuales recurriendo a una hipótesis: los jóvenes elegirían el hedonismo de la subcultura delincuencial debido al debilitamiento o ausencia del control y supervisión familiar.

Aquí puede integrarse un modelo familiar – psicológico con uno sociológico: Por razones culturales y económicas, en la actualidad una gran proporción de familias es uniparental. Pero ante situaciones como estas, las familias de clase media y alta cuentas con más recursos para hacer frente a la ausencia de los progenitores. Colegios con mayor escolaridad, clubes, deportes, inglés, computación. Todas estas opciones suponen la supervisión de los niños por parte de adultos. En las familias con carencias, los recursos son menores.

CONCLUSIÓN:

En conjunto, llegamos a concluir, que la desviación es adaptativa y es al mismo tiempo una amenaza a la estabilidad social y una forma de protección. 

Por una parte, una sociedad puede operar eficientemente, sólo si hay orden y predictibilidad en la vida social. Debemos saber, dentro de los límites razonables, qué comportamiento esperar de otros, qué esperan ellos de nosotros y en qué clase de sociedad debería socializarse a nuestros hijos para que vivan en ella. El comportamiento desviado amenaza este orden y su predictibilidad. Si demasiadas personas dejan de comportarse como se espera de ellas, se desorganiza la cultura y el orden social se derrumba. La actividad económica puede interrumpirse y aparecer la escasez. Las tradiciones pierde su fuerza compulsiva y el núcleo de valores comunes de la sociedad se reduce. Los individuos se sienten inseguros y confusos en una sociedad cuyas normas se han vuelto no confiables. Sólo cuando la mayor parte de las personas se conforman en la mayor parte del tiempo con normas bien establecidas, una sociedad puede funcionar eficientemente. 

La conducta desviante de una generación puede llegar a ser la norma de la siguiente.

Por otra parte, el comportamiento desviante es una forma de adaptar una cultura al cambio social (Coser). Ninguna sociedad actual puede quizá permanecer estática por mucho tiempo. Aun la más aislada de las sociedades del mundo enfrentará cambios sociales radicales dentro de la próxima, generación. 

El comportamiento desviante representa con frecuencia el origen de las adaptaciones del mañana. Sin ningún comportamiento desviante será difícil adaptar una cultura a las necesidades y circunstancias que se transforman. Una sociedad en cambio necesita, por lo tanto comportamientos desviantes si ha de operar con eficiencia. 

No todas las formas de desviación se ajustarán al análisis anterior. El comportamiento del asesino, del que comete abusos sexuales con niños o del alcohólico rara vez contribuye a forjar una nueva y útil norma social. En cualquier momento determinado, un comportamiento desviante adquiere varias formas, y sólo unas cuantas de ellas se convertirán mañana en normas. Demasiada desviación es totalmente destructiva en sus consecuencias personales y sociales. Pero un poco de desviación es socialmente útil, como se indicó antes. Separar las desviaciones sociales peligrosas de las socialmente útiles requiere capacidad para predecir las normas sociales que la sociedad del mañana requerirá.

GLOSARIO:

Delito.- Es toda infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales a ser perseguida oficialmente en caso de ser descubierta, presupone que las leyes penales responden en general y con mayor o menor concordancia a las normas generalmente aceptadas por parte de la sociedad, por lo menos en los sistemas democráticos contemporáneos. 

Conductismo.- Se denomina así a la teoría del aprendizaje animal y humano que se focaliza solo en conductas objetivas observables, descartando las actividades mentales que ocurren por estos procesos.

Nota:

El surgimiento de nuevas normas, está claramente ilustrado en la declinación de la familia patriarcal. En una sociedad agraria donde toda la familia trabajaba junta bajo el ojo vigilante del padre, era fácil mantener el predominio masculino. Pero la transformación de la tecnología trasladó el trabajo del padre al taller o a la oficina, donde ya no pudo ejercer su vigilancia; el cambio tecnológico también comenzó a llevar a la mujer a trabajos donde laboraba separada de su marido y ganando su propio sueldo. El marido ya no estaba en una posición estratégica para mantener su autoridad masculina y ésta, poco a poco, se debilitó. En el siglo XIX, la mujer relativamente independiente e igualitaria que pensaba por cuenta propia y tenía el hábito de dar a conocer lo que pensaba, era una desviante; actualmente es un lugar común, y el movimiento femenino está exigiendo cambios adicionales de los status masculino y femenino. La teoría funcionalista subraya los cambios en el rol laboral y en la situación estratégica que allanaron el camino para nuevas normas; los teóricos del conflicto hacen hincapié en la acción política organizada necesaria para obtener el reconocimiento legal de las nuevas normas.

BIBLIOGRAFIA:

http://www.criminology.fsu.edu/crimtheory/bandura.htm

http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/C/cuello_blanco.htm

http://www.mhcollegeco/socscienc/comm/bandur-s.mhtml

http://www.uo.edu.cu/ojs/index.php/stgo/article/viewFile/14507301/892: EL HOMBRE UNIVERSAL – Fabián Rodríguez García Teorías criminológicas, delincuencia en México Santiago (114) 2007.

http://rednaf.net/descargas/Teor%C3%ADas%20subculturales%20de%20la%20delincuencia,%20Jer%C3%B3nimo%20Oliva.pdf: Mgter. Jerónimo D. Oliva – Sptb de 2009 – Revisión: mayo de 2010. – Teorías subculturales de la delincuencia juvenil: el aporte de Albert Cohen

Colabora con la causa

Ayúdanos a mantener este sitio funcionando y expandiendo información de gran importancia y de interés para toda la humanidad, además con la aportación seguiremos promoviendo la paz en todos los aspectos de la vida humana y no humana. De antemano de agradecemos la ayuda

€2,00